Acción

La Mirada Artesana

Javier Reyes

Documental que narra la vida del fotógrafo lanzaroteño Javier Reyes, quien durante 3 décadas retrató el norte de Lanzarote y la isla de La Graciosa. Dejando así un legado único de más de 16.000 negativos de un valor incalculable, ya que muestran una imagen de las islas previa a la llegada del turismo y a su vez nos muestra una parte de la sociedad lanzaroteña que de la que no tendríamos constancia si no fuera por el archivo de Javier Reyes.

Este documental dirigido y realizado por la Asociación Cultural Veintinueve Trece cuenta con el patrocinio del Cabildo de Lanzarote.

 

En el film participa el propio Javier Reyes y miembros de su familia, que recuerdan cómo era el sistema de trabajo del fotógrafo, pero también vecinos de Haría, Arrieta, La Graciosa y otras localidades del norte de la isla, lugar en el que Reyes desarrolló gran parte de su trabajo.

Idea Original: Mario Ferrer / Dirección: Nico Melián / Montaje: Alejandro Rodríguez / Documentación: Mario Ferrer / Fotografía: Joaquín Vera / Producción: Daniel Fleitas / Producción: Andrea Febles / Diseño: Disenpi / Asistente digital: Daniel Martínez

Música: Compositora Musical / Música Original: Arinegua García / Orquestación: Arinegua García / Asistente de Orquestación: Enrique Vázquez /Interpretación Musical / Timple: Abraham Ramos Sánchez / Percusión: Ana Nicolás fe Cabo / Cuarteto de cuerdas: Violín I: Gabriel Fernández Niz / Violín II: Gabriel Meneses Viola: Paula Calzada Sosa / Cello: Sara Telma Barrios Ascanio / Música Grabada: Jesiisma / Ingeniero de Mezcla: Gonzalo Bañeres Ibáñez. Imágenes de archivo: Jan Blaauboer / Julián Martín

Además de todo ello, también intervienen en el mismo investigadores como el sociólogo y director del Centro de Datos del Cabildo de Lanzarote, Miguel A. Martín Rosa; el historiador Mario Ferrer, la directora del Servicio de Publicaciones del Cabildo de Lanzarote, María José Alonso; el profesor de Historia de la Fotografía de la Universidad de La Laguna, Carmelo Vega; la historiadora e investigadora Nona Perera; Gabriel Betancort, historiador y técnico en fondos audiovisuales de la FEDAC de Gran Canaria; así como los fotógrafos Luis Guirao, Lilia Ana Ramos, Rubén Acosta, Gerson Díaz o Carlos A. Schwartz, entre otros.

 

Javier Reyes Acuña nació el 26 de marzo de 1926 en Haría, pueblo en el que centraría su trayectoria profesional y vital. Tras formarse en la escuela del pueblo, Reyes comenzó a asistir al único instituto de la isla, en Arrecife, pero la guerra civil clausuró sus puertas varios años, por lo que terminó de estudiar en varias academias privadas.

A principios de los años cuarenta, el joven Javier Reyes se acercó a la fotografía formándose de manera autodidacta. Tras dar unos primeros pasos con un cámara que se compraron entre varios amigos mediante cupones, nuestro protagonista consiguió mejorar la práctica gracias a varios de los soldados del regimiento de Haría que provenían de la Península y que tenían experiencia previa. Según su propio testimonio, lo que le animó a tomárselo más en serio y comprarse una cámara Zeis Ikon de 6×9 mm.

Fue la reacción de apoyo de muchos vecinos a sus tentativas. El respaldo del vecindario era lógico: veían con buenos ojos contar con un fotógrafo en el pueblo para no tener que desplazarse a Arrecife, donde se hallaban los pocos profesionales de la imagen con los que contaba la isla. Javier Reyes comenzó a montar un modesto estudio en la casa familiar de la plaza central de Haría a partir de 1943. Los recursos eran muy básicos: una habitación para atender a los clientes y otra para el revelado, mientras el corredor del patio interior de la vivienda se acondicionó como galería para los retratos, usando las cortinas para dosificar la luz natural. Los frecuentes cortes de electricidad obligaron a encargar un equipo electrógeno propio a Reyes, quien solía revelar por las tardes-noches, cuando finalizaba el horario de su principal ocupación en el ayuntamiento de Haría. Durante casi treinta años, Reyes compaginó la fotografía profesional con otras labores, siguiendo las pautas de los pioneros, aunque con un notable retraso causado por la propia marginalidad y precariedad de Lanzarote.